Grandes dinosaurios mecánicos nos acompañan cada día moviéndose ruidosa y torpemente por las calles; a su alrededor la faz desfigurada de la ciudad los contempla desde el desagrado, a veces desde el desamparo, y la admiración; la incomodidad que supone sortearlos mientras transitamos, no impide un instante hipnótico en el que los suponemos… ¡quizá vivos!…, en todo caso los descontextualizamos.

En obra propone un cambio de medio y de escala, la mano del artista sustituye elementos típicos del dibujo y la pintura por pequeñas máquinas de construcción.

De construcción para la obra artística, ese es el juego.

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